5 Minutos a tu Lado Capitulo (VII)

Por la mañana al levantarme, y después de tomar mi
taza de café, decidí prender mi computador
portátil y revisar aquel correo que me había
llegado y no tenía el valor de abrirlo. Me senté
en mi cama y rebuscando lo encontré al verlo no
decía nada era solo una descarga de un audio y al
final tenía una post-data que decía:
Este audio me recuerda a ti, me gustaría que lo escucharas y lo
leyeras. Te hará bien, J.M
Busque mis audífonos en la mesa de noche los
adapte al computador y reproducía el audio, duraba
una hora y media. Era de una mujer que se
describía así misma muy parecido a mí, y hablaba
mucho de ella, de su trabajo, de su vida, de sus
errores, de sus amores y que a la final con mucho
esfuerzo se levantó y siguió adelante. Ya no
existía nada de esas cosas de las que estuvo
hablando casi una hora en su vida y le iba mucho
mejor. Al terminar de oír el audio, me di cuenta
lo tarde que se me había hecho para irme al
trabajo y decidí agarrar mi celular y llamar a mi
jefe, le fingí una muy fuerte alergia y no iría al
trabajo. Solo quería quedarme en casa pues tenía
muchas cosas que hacer (en realidad no, pero solo
quería quedarme en casa).
Decidí responderle el correo pues ya por mi
celular no contestaba los mensajes, ni las
llamadas. Pero antes tenía que pensar muy bien lo
que le iba a decir no quería arruinarlo más y el
que me enviara un correo era indicio de que aún le
importaba por lo menos un poquito.
Buenos días, Sr, Pitágoras. En cuanto me he desocupado de mi
muy ocupado empleo he podido escuchar el audio que me ha
enviado, muchas gracias, es muy bueno para reflexionar.

Saludos
Xoxo
Listo, enviar. No sabía si hacia lo correcto pero
era lo que necesitaba en ese momento mi corazón,
aunque realmente lo que quería era descargar todo
el remordimiento que tenía hacia el pero era casi
imposible, mientras terminaba de revisar mis
correos… Mi celular empieza a sonar, con su muy
distinguido repique de Megan Trainor “better when
im dancing”, Era mi hermana.
¡Hola! Lucia, ¿Cómo estás?
Martha, ¿bien y tú? Conteste extrañada.
Súper bien estoy llamándote porque llegue a la
ciudad, quería saber si podía quedarme un par
de días en tu casa. Hago un papeleo, tú sabes
siempre en lo mismo. Dijo con tono muy
contenta.
¡Por supuesto que sí! No sabes lo feliz que me
haría tener compañía.
¿Y Carmen, se ha ido?
¡Oh no!, pero no es lo mismo, ella siempre
está ocupada con su medicina. Entre carcajadas
le dije.
Bueno Vale, voy para allá. Dijo
Aquí te espero. Colgué
Si, por fin, alguien con quien desahogarme, Martha
es mi hermana mayor, a ella siempre le cuento mis
cosas y me hace sentir mucho mejor… quizás esta
visita sea muy buena para mí. Arreglare todo para
su estadía, cerré mi computador y me puse a
ordenar todo para cuando Martha estuviese aquí.
Estaba muy emocionada creo que ella llegaba en una
fecha perfecta ya que había quedado con Ana en ir
al teatro y pues la invitaría a ella también
porque le encanta el teatro.
A las cinco de la tarde, llego Martha con su
maleta que la diferenciaba de todas aquellas

personas, pues la había decorado ella misma, sus
vaqueros de colores y figuras egocéntricas y su
chaleco favorito, su cabello perfectamente liso y
su labial rojo mate. Al abrirle la puerta se me
fue encima con un abrazo de esos que hacen mucha
falta y te vuelve el alma al cuerpo, esos abrazos
que dan calor y nostalgia. Mientras me abrazaba me
puse a llorar, tenía casi más de un año que no la
veía, ella vive en Venezuela y solo viaja a España
cuando tiene papeleo de su trabajo. Me miro y
sonreía, cada día se parecía más a mi madre.
¡oh!, Lucia no llores, yo también te he
extrañado mucho. Me dijo mientras secaba mis
lágrimas con su chaqueta.
Han pasado tantas cosas que tengo que contarte
que no se ni por dónde empezar, y tú nunca me
respondes los mensajes, he querido hablar con
alguien que me diera consejos, de lo que
debería hacer, mi vida se ha convertido en un
desastre desde que él se fue, es todo tan
diferente. Ya nada tiene sentido para mí. Le
dije mientras lloraba desconsoladamente en su
pecho.
Ven, vamos a sentarnos yo también tengo algo
que contarte, ya no llores más. He tenido
contacto con él. Me dijo en tono de oz bajo
para yo calmarme.
Me separe de ella y me la quede mirando
sorprendida.
– ¿Te ha escrito o llamado a ti? Le dije.
Mientras por mi cuerpo corría un aire frio y mi
corazón se aceleraba sin un motivo.
– Si. – hemos hablado en cuatro ocasiones desde
que el volvió a Venezuela, allá la situación
está cada día más difícil, vive en otro estado,
y está vendiendo todo de su casa para irse a los
Estados unidos, no me pregunta por ti, no quiere
quizás hasta no le interese saber nada de ti, él
está con aquella mujer, están juntos. Él no sabe

que estoy aquí contigo, la última vez que hable
con él me dijo que quería que fueses feliz, pero
que lo atormentas en sus sueños y necesita que
lo dejes ir. Contesto Martha con voz muy dura y
su mirada firme, mientras yo estaba atenta a
cada palabra que me decía.
– Sí, creo que es tiempo de que lo deje ir. Le
dije
– Lo llamare, estoy haciendo un negocio con él
para la venta de su refrigerador-
– ¿Ahora? ¿Lo vas a llamar justo ahora?. Le dije
asustada y temblorosa. Mientras ella sacaba su
celular y hacia la llamada internacional.
– Si, calla no quiero que te escuche. Puso el
altavoz mientras esperábamos su respuesta, el
celular repico cuatro veces y entonces sucedió:
– ¡Alo!- Contesto
– hola Mon, ¿Cómo estás? Dijo Martha.
– ¿Quién es?
– Martha… es que estoy fuera del país.
– Ahh, ¡hola!
– ¿Cómo estás?
– Eh bien, Cuéntame
– Te llamaba para ver en cuanto tenías el
refrigerador, estoy con mi mudanza y me interesa.
– Ah okey, bueno pues está en 7.000.000.000 de
bolívares pero si estas interesada avísame tengo
varios detrás del producto.
– Si, por eso te llamo porque de verdad lo
quiero, ¿y tú estás en tu casa? Pregunto Martha,
mientras yo escuchaba sigilosamente
– No, yo sigo En Anzoátegui
– ¿No vuelves?

– ¡No lo creo!, bueno estamos en contacto.
Respondió
– Bueno pero me gustaría hacer negocios contigo
personalmente.
– Martha, estas fuera del país no sé cuándo
regreses, y yo no vuelvo a casa si deseas hacer
negocio yo tengo una persona encargada para eso.
Cuídate
– Este bien, cuídate.
Martha, tranco la llamada y me miro, yo tenía mi
mirada en el piso con una tristeza que invadía
todo mi cuerpo. Pensando no pregunto por mí, no va
a regresar, y yo estoy tan lejos de mi hogar. Se
escuchaba muy decidido, tan frio como cuando se
molestaba con mis caprichos, no le importaba nada
el seguía haciendo su vida como si el mundo
estuviese perfecto mientras yo aquí me desvivía de
amor por él. Y le dije a Martha con lágrimas en
los ojos.
¿Porque las mujeres  nos enamoramos de
personas tan estúpidas?
Bueno, porque tú y yo mi querida hermana
creemos que los hombres son los caballeros con
brillante armadura, pero en realidad no son
más que unos idiotas envueltos en papel
aluminio. Contesto con una carcajada.
Venga vamos a tomar algo. Me agarro por el
brazo recogió mi cabello y nos fuimos a la
cocina. Y solo por un instante el dolor, la
tristeza y la depresión se habían ido, estaba
mi hermana para darme aliento, que otra cosa
podía pedir. Era momento de disfrutar con
ella, sentía que iban a ser los mejores días
de mi vida.

 

Sincactus1.1

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