5 Minutos a tu Lado Capitulo IX

Entrando al coche me desvanecí en llanto, estaba
muy confundida sentía que había estado alucinando
por los tragos y lo había visto a él. Mientras
Martha encendía el coche y la música en la radio
yo solo lloraba desconsoladamente, pensaba si lo
que le había dicho y había hecho estaba bien.
Sentía que me había quitado un enorme peso de
encima pero que a la vez me habían arrancado el
corazón de raíz así sin más. De repente en medio
del camino mi celular empezó a sonar, yo tenía ya
el presentimiento de que la llamada entrante era
él y efectivamente así era, pero no tuve el valor
de responderle y simplemente no conteste. El
seguía insistente en llamarme y Ana me pregunto
¿Por qué no le contestas? – ¿Quizás querrá decirte
algo más? – Anda hazlo sé que tú también tienes
curiosidad. Dijo con voz suave y calmada, Martha
me miro por el espejuelo del coche y me dijo – Tú
puedes.
Decidí responderle la llamada pero mi corazón o lo
que quedaba de él estaba muy asustado y yo
temblaba como una niña pequeña, mi cabeza estaba
colapsando muchas formas de responderle pero
ninguna funciono yo solo atendí y me quede
callada:
Alo? Linda, ¿Por qué estas llorando?
No comprendía como supo que yo estaba llorando
sino había emitido ningún sonido.
-¿No quieres hablar? Dijo con voz asombrada,
mientras yo solo lo escuchaba y me salían las
lágrimas en silencio.
– Bueno, está bien no hables, hablare yo.
– ¡Hazlo! Lo necesito, por favor. Le dije con
voz molesta y muy firme, cuando la faceta era
algo totalmente diferente.
– Ah Caramba, ¿entonces si hablas? Contesto.
– Solo espero que me digas, lo que tienes para
decir y luego colgare esta llamada.

– ¿Por qué estás tan molesta conmigo? Yo te
amo.
– No, tu no amas a nadie, tu único amor y
siempre te lo he dicho es el tuyo por ti.
– No digas eso, tu sabes lo mucho que yo te
amo, cuanto tiempo estuve esperando a que tú
me dieras el sí, fueron mis momentos más
hermosos, todo Linda, todo lo que yo te dije
era real, siempre fui honesto contigo, tú me
cambiaste la vida, y me sentía afortunado de
tenerte, si es cierto falle, porque no te dije
que me iba a Anzoátegui y que allá estaba otra
persona esperándome, pero son ocho años en los
que yo me he esforzado para tener lo que hoy
por hoy tengo y no puedo desecharlos a la
basura…
– Por una relación de un par de meses. Claro.
Dije interrumpiendo su retahíla
– No se trata de una relación de par de meses.
Dijo, Se trata de que el terminar un mundo de
ocho años es empezar de cero otra vez, y yo
quiero darte lo mejor a ti, y ¿si me quedo en
cero que podre ofrecerte? Nada, Linda por
favor entiéndeme, yo no te quiero perder,
jamás encontraría a una mujer tan rica como
tú.
– ¿Terminaste de hablar? Conteste
– Sí, he terminado. Con voz muy triste.
– Bueno, que te vaya muy bien. Colgué y
respire profundo.
Ana y Martha estaban ansiosas por saber lo que
me había dicho pero mi llanto no me dejaba
contarles. Llegamos al departamento y mientras
Martha preparaba un café para tres yo me fui a
habitación, recogí la caja donde estaban todos
sus recuerdos y me fui a la sala, sentándome
con Ana en el sofá le dije: – Aquí está mi
relación con Pitágoras. – ¿Y qué quieres hacer
con eso? Pregunto tomando la caja con mucha

curiosidad. – Entregársela, dije secando mis
últimas lágrimas. -¿Quieres entregársela? Dijo
Martha desde la cocina ya sirviendo el café. –
Sí, quiero hacerle una carta y entregársela,
he decidido que ya es tiempo de dejar este
dolor, este sufrimiento y esta depresión por
una persona que no me ha valorado que vive de
palabrerías y que simplemente me uso, me
duele, si muchísimo y me va a seguir doliendo
hasta que el tiempo se encargue de curar mi
corazón pero si mantengo cosas que me hagan
recordarlo pues nunca cerrare esta etapa de mi
vida y ya es tiempo de hacerlo, además él está
más que seguro que no puede dejar su vida de
ocho años por mí y la verdad no espero nada
más de él. Es momento de continuar mi camino y
conocer gente nueva. –Bien dicho hermana, dijo
Martha dándome un beso y enorme abrazo lleno
de calor familiar.
La noche estaba por culminar tanto para ellas
como para mí, pero antes tome mi celular y
elimine su número de contacto. Martha se asomó
a la habitación y me dijo – ¿Estas bien?
Asomando nada más su boca. Me pareció muy
gracioso y entre risas le dije- Si, ven duerme
esta noche conmigo- Vale, abrió la puerta y en
sus manos traía una cobija, almohada y Ana que
también se quedaba a dormir con nosotras. Les
hice un lado en la cama, y Martha me dijo –
Muero de sueño, pero mañana cambiaremos tu
número de contacto ese será nuestro primer
objetivo. Casi cerrando los ojos, le dije – Ya
lo había pensado estamos conectadas. Le sonreí
y me quede profundamente dormida, ya no había
Pitágoras por quien pensar.

Sincactus1.1

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