5 Minutos a tu Lado Capitulo IIIV

Pasaron cuatro días felices en donde no hubo nadie
indagando mi mente ni había tristeza en mi
corazón, todo estaba bien Martha y yo salíamos
casi todos los días a hacer compras de ropa,
zapatos, perfumes y maquillaje era casi todo
perfecto.
El celular me recordó el evento de teatro donde
había quedado en ir con Ana, entonces le marque a
su celular y quedamos en vernos en el auditorio
donde se presentaría la agrupación a las 8.30 pm.
Martha no estaba muy convencida de ir, pues se
trataba de una obra bastante complicada de
entender y a ella no le gustaban mucho esas cosas,
a final de cuentas la convencí de ir.
Casi era hora de partir al teatro, ya estaba
vestida. Traía un pantalón negro suelto con
sandalias bajitas, un sweater y mi cabello a medio
recoger, no mucho maquillaje, un poco de colorete
y labial. Martha traía puesto unos jean ajustados
con un sweater manga larga y una trenza muy mal
hecha. Al momento de partir recogí mis llaves y mi
celular, saliendo del apartamento nos encontramos
con Luis, un vecino del piso de arriba que también
iba de salida y tomo el ascensor con nosotras…
Entre una charla común entre vecinos sentí sonar
mi celular, agarre mi bolso y rebuscando lo
encontré, me había llegado un mensaje de texto… de
un número desconocido que decía –Hola, linda- Me
extraño muchísimo y lo quede mirando por un buen
rato, de momento no quise mostrárselo a Martha
para no incomodar a Luis, que iba ya bajando con
nosotras hacia el parqueadero… Al montarnos en
coche que había alquilado Martha, le mostré el
mensaje y ella grito tan fuerte que yo no hice más
que taparme los oídos. -¿Qué te pasa, acaso te has
vuelto loca? Le dije tratando de volver a tomar mi
sentido del audio. –No, claro que no- Dijo con una
enorme emoción en su rostro -¿Acaso no sabes quién

te ha enviado ese texto?- Yo estaba un poco
confundida, no me sentía confiada de que hubiese
sido el, me quede mirando a Martha que parecía
tonta mirándome y apretando los dientes y entonces
le pregunte- ¿Es el?- Y ella me dijo con cara de
no saber nada – Pues no se vamos a averiguarlo ya
mismo- Me quito el celular y se tomó el
atrevimiento de responder el mensaje -¿Quién es?-
No tomo mucho tiempo en que respondiera – Sr.
Pitágoras- Ella quedo fría en el carro y me
entrego mi celular, tomo las llaves se puso el
cinturón de seguridad, prendió el carro y arranco
vía al auditorio. Cuando yo tome el celular y leí
el mensaje me puse muy fría, no creía lo que
estaba leyendo estaba muy confundida en mi mente
solo me hacía mil preguntas al mismo tiempo -¿Cómo
es posible? ¿Él no puede estar aquí? ¿Cómo obtuvo
mi número? ¿Qué está pasando? No pude responder,
simplemente lo apague y lo metí en el bolso…
Martha me miro y me dijo – ¿Estas Segura?-
Completamente- Le conteste de forma seca y sin
pensarlo mucho.
Al llegar al auditorio Ana nos esperaba a las
afueras con la entrada ella traía un vestido de
seda amarillo y su bufanda de la suerte, se veía
muy bien…
Ana te presento a mi hermana Martha, ha venido
a quedarse unos días conmigo. Dije. Las
presente mientras ya ellas se estaban haciendo
amigas
– Pues, tía ha sido un placer, venga entremos
que ya va a empezar la función.
-Vale el placer ha sido todo mío Ana.
Y así entramos al auditorio, buscando nuestros
asientos sentí un viento frio que me rozo el
cuello, fue algo muy incómodo pero no le quise
tomar mayor importancia, sentía que la
estábamos pasando muy bien como para
entretenerme con tonterías. La función comenzó

y fue un momento donde mi mente se concentró
en la obra y nada más que en eso.
AL terminar la pieza teatral, nos quedamos en
las sillas conversando al respecto… Veíamos
como la gente se levantaba y se iba retirando
del auditorio. A Martha se le ocurrió esa
noche salir a comer en un sitio a las afueras
del lugar y Ana, sabia de buenos sitios para
eso… llegamos a un bar- restaurant donde
podías comer, tomarte unos tragos y hasta
bailar.
Venga Lucia, es momento de conocer nuevos
chicos. Dijo Ana convencida del lugar y muy
entusiasmada
Nos reservaron una mesa donde pedimos unos
cocteles y algo para comer, entre las risas,
los chistes se iban pasando las horas. El
mesonero llego con una bebida afrodisiaca
enviada por un hombre, traía una nota consigo
y era para mí… Yo me quede asombrada en el
momento pues no pensé que vestida de esa forma
y con el tiempo transcurrido en el sitio
hubiese pescado algo, Ana y Martha me quedaron
mirando muy burlonas y mientras mis cachetes
se iban poniendo más rojos de lo que el
colorete pudo dejarme, entonces decidí
aceptarlo, saque la nota debajo de la copa y
decía.
Tan Cactus como siempre J.M.” Yo no podía
creérmelo, miraba a todas partes desesperada
buscándolo… –Que dice la nota, venga no te
quedes atontada- Dijo Ana tratando de
quitármela de las manos. –Oye Lucia ¿te
sientes bien? Dijo Martha quitándome la nota
de las manos, la leyó y expreso – ¡Joder tía!,
– a ver que alguien me diga es lo que pasaDijo Ana mientras que Martha le mostraba la
nota y llamaba al mesonero para preguntarle
quien había enviado ese trago, el mesonero

solo respondió, – lo ha enviado un señor de la
barra, yo solo hago mi trabajo-. Yo me levante
de la mesa casi tambaleándome y camine hacia
la barra, en ese momento quería que todo el
mundo saliera del lugar habían demasiadas
personas y mi desesperación no me dejaba
localizarlo… Hasta que por fin, lo vi, tenía
una sonrisa de picardía le parecía de mucha
gracia verme así, buscándolo por todo el
lugar, tenía la mirada fija puesta en mí, eso
fue lo que me ayudo a encontrarlo… no sabía
que hacer me preguntaba ¿Qué hace aquí? ¿Cómo
supo que estaríamos aquí? ¿A qué vino?,
mientras todo eso sucedía en mi cabeza él se
levantó de su silla tomo su trago y se iba
acercando tan pronto como la gente lo dejaba
pasar, mientras yo estaba inmóvil y solo mi
mirada lo perseguía, temblaba, me sentía
mareada y no sabía que hacer quería besarlo, o
tal vez ignorarlo. Y cada vez que se iba
acercando su perfume particular era más fuerte
y me iba erizando la piel.
Hola linda. Dijo con voz pequeña y su rostro
perfecto y sonriente. Yo no emití ningún
sonido mi respiración estaba agitada y las
lágrimas caían lentamente de mis ojos, donde
el con su delicadeza como siempre me las
secaba, su olor y su perfume se impregnaron en
mí y mi corazón se agito enseguida.
Eres tú… ¿Cómo me encontraste? Entre dientes
respondí.
Una vez te dije, que donde quiera que
estuvieses, juntos o no yo te iba a encontrar.
Respondió muy seguro de si mismo.
¿A qué viniste? Respondí con voz dura,
alejándome de él y secándome mis lágrimas. –
tu no mereces que yo llore por ti, de hecho ni
siquiera mereces que yo esté hablando contigo.
¿Cómo pudiste hacerme tanto daño? ¿Por qué me
engañaste de esa manera? ¿Qué clase de

monstruo fuiste tú?… Mi respiración se fue
agitando y en vez de dolor solo sentía rabia y
decepción. El mientras bajo su mirada y me
dijo con esa voz tan tranquila y la paciencia
con la que siempre me hablaba.
Yo siempre fui honesto contigo, y te hable con
la verdad. Jamás te mentí, me fui por
cuestiones de trabajo. Pero aquí estoy. Dijo
Ya de nada sirve que estés aquí, porque ahora
soy yo la que no está. Me aleje enseguida de
el con pasos firme y decididos, me acerque a
la mesa donde Ana y Martha estaba visualizando
el panorama. Agarre mi bolso saque un par de
billetes recogí la bebida y la nota que él
había enviado y les dije -¿Nos vamos?. Ellas
se levantaron y salimos del lugar… Al
acercarnos a la puerta me tomo por el brazo y
con la mirada fría dijo – ¿Estas segura de
esto? ¡si lo haces no hay vuelta atrás! Yo me
solté de su mano y con la misma mirada fría le
respondí –Aquí nunca hubo una segunda
oportunidad, recuerdo que el único amor que
existió fue el tuyo por ti, ten tu bebida
quizás el dueño te devuelva tu dinero, suerte.
Me acerque le di un beso en la mejilla me
voltee y me fui, alejando poco a poco del
mientras mis lágrimas caían sin mucho
esfuerzo, Ana y Marta me tomaron de la mano
caminamos hacía el coche.
Sentí que fue la mejor decisión que había
tomado en muchísimo tiempo.

Sincactus1.1

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