Un masaje a la vez

Un masaje a la vez
-¿Alguna vez te han dado un masaje? Pregunto mientras acariciaba mi
antebrazo después de una larga conversación sin sentido-
– No. Respondí un poco inquietante por su pregunta repentina
– Pues, yo te voy a dar uno que te va a encantar.
Tomo mi mano y me condujo hasta la habitación principal… Tenía
dibujada en su rostro la más hermosa de las sonrisas. Como cuando a un
niño le dan el juguete perfecto.
– ¿Y qué debo hacer?
– – Nada, solo acuéstate allí, cierra los ojos que yo me encargo del
resto. Dijo
– Pero, yo he visto que la gente cuando van para que le hagan un
masaje las tienen en ropa de baño.
– Linda, relájate y la gente cuando van para que le hagan un masaje
no hablan. Riéndose a carcajadas estaba quitándose su anillo y su
reloj.
– Bueno confió en ti. Dije con voz sutil. Me acosté en la cama donde
había una almohada con mucho perfume a él.
– Linda, ¡boca abajo! Me ordeno, ya la voz no era sutil y dulce sino
fuerte y seca.
– Tú no tienes ni idea de lo mucho que me gusta que me ordenes,
¡mande profesor! Le dije.
– ¿Ah sí? Lo tomare en cuenta alumna. Dándome una nalgada y
girándome bruscamente hacia él, pegándome hacia su cuerpo
sintiendo su erección me apretó de la cintura – Calla es hora del
masaje- susurro en mi oído dejándome la piel erizada y haciendo
que me excitara.
– Una pregunta más y hare silencio. Dije en tono bajo.

– Dime, sonrió
– ¿EL masaje es con ropa? Me sonroje.
– Cállate, disfruta. Grito con tono molesto.
Mi cuerpo tumbado en la cama, boca abajo mientras mis brazos
abrazaban la almohada donde justo apoyaba mi cabeza y dejaba
caer mi cabello suelto, mis ojos cerrados, inquietante porque no me
permitía abrirlo para saber que sucedía. Solo podía agudizar mi
sentido del olfato y del oído, escuchaba una música instrumental
por la lejanía y sus pasos de un lado al otro en la habitación. Un
aroma a canela y vainilla. Mi corazón palpitante y acelerado le
hacía juego a la respiración y mi sonrisa dibujada constantemente
con nerviosismo.
De repente sentí su cuerpo acercándose al mío, bajo hasta mis pies y
me fue desamarrando los tenis uno a uno así como también las
medias a rayas atigradas (mis favoritas) – Que tiernas- Dijo, sonreí.
Mientras subía hasta mis pantalones donde lentamente metió su
mano, y lo desabrocho para quitármelos… – Wau, eres riquísimaSusurro, me sonroje y abrí los ojos estaba observando mis nalgas
descubiertas por un pantys rojo, las apretó tan fuerte como pude yo
gemía de satisfacción y en mi mente me preguntaba “¿y el masaje
para cuándo?” subió y me quito la blusa de la misma forma
desabrocho mi brassier dejándome en total descubierto solo con las
pantys rojas. Me giro quedando frente a él, arreglando mi cabello
para que quedara perfectamente postrado en la almohada,
deslizando su dedo desde mi frente por todo el rostro, pasando por
mis pechos y llegando a mi zona V donde ahí se detuvo y quitando
su mano rápidamente mientras mi respiración se aceleraba y con el
pasar de su dedo me hacía estremecer.

Consigo traía un aceite aromatizante bastante fuerte de olor a
jazmín que unto en mi ombligo cayendo en perfecta sintonía y con
sus manos frotadas de calor esparció por mis senos mi abdomen mis
hombros y mis brazos, sus manos estaban calientes y suaves, era
una sensación bastante buena y excitante… su rostro era muy serio,
concentrado en lo que estaba haciendo y su mirada era fijamente a
sus movimientos circulares en mis senos y de arriba abajo en mi
abdomen. Estaba admirada con ese personaje en jean sin camisa
postrado encima de mi masajeando mi cuerpo desnudo hacia él.
Luego me miro con una picardía que sabía que dentro de toda esa
mente había mucha maldad erótica. Bajo mis pantys hasta que
quedaron en sus manos las observo y luego me miro a mi… Quería
desaparecer de la pena – ES mejor sin esto- Dijo tirando las pantys
al piso. Mientras que con la otra mano lleno su mano de aceite y me
tocaba. Sentí una explosión de emociones donde, no sabía que hacer
estaba muy excitada pero no quería que parara sentía su erección
muy cerquita de mí. Cuando se sintió satisfecho de mí, bajo sus
pantalones dejando su miembro al aire y tocándose con el mío…
Estaba agitado y desesperado tomo una de mis piernas apretándome
fuerte y agresivamente separándolas una de la otra… acercándose a
mi cara me beso con su lengua hasta mi garganta. Metió su pene
dentro y sentí la gloria.
– Eres perfecta, un masaje a la vez. Dijo… dejando caer su cuerpo
sobre mí.
Pensamiento Sincactus1.1

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